De emperos sin desemperos, turbia belleza innata,cándida sabiduría, con la capacidad cada día
de hacerme reír un buen rato y llenarme de alegría.
¡Ay! Escarnios que malversan, entrando por la
escritura, saliendo por la lectura, del mirarte todavía.
Más, esperanzas que suenan, temblorosas y sin vida
esclarecidas tardes, madrugadas malheridas
puestas de sol en tus ojos verdes, qué maravilla de vida...
no sabes, ni te imaginas qué significa
el tenerte un sólo día...
Lúcidas noches de ti, sin tus velos, con tus alas,
de profesión comprendida entre decir lo que sabes
y callar lo que se olvida, eres mundo, eres viajes,
eres la diosa atrevida, la más objetiva, la más grande.
Quisiera darte libertades, más tú necesitas del aire
que respiras cada día, de los largos paseos con charlas
de tantas cosas que sabes, y escucharlas es mi enzima,
pues quisiera que tus letras en mis oídos perdidas
se escuchasen como nadie escucharía tus rimas...
Darte quisiera las alas que, volar contigo, a tu lado
y perdernos en la noche, en las tardes, todo el día
descubriendo las verdades que atesoras en tu climax.
Qué se abstengan ya los crápulas, que no conocen tu estima,
que se callen los mordientes, los villanos de las simas,
que paseamos los dos, yo escuchando maravillas...
para verte tras la cámara, para verte en tu medida
tal como pez en el agua, sólo tú sabes, mi vida,
que por muchos senderos que andes
en mi ser estás aguerrida, siempre agua de azahares
que mis tormentas alivias, sin dejar de pensar
en ti, Silvia.
José R. Chávez (c)